AMLO y el doble rasero anticorrupción

Redacción MX Político.- La promoción personalizada de las ayudas económicas que se dispersan mediante los llamados Programas de Bienestar fue plenamente acreditada: varios “superdelegados” –entre los que destacan aquellos que buscan o han buscado cargos de elección popular– emitían mensajes a través de redes sociales difundiendo acciones gubernamentales, mientras que 13 mil empleados conocidos como “Servidores de la Nación”, recorrían el país integrando padrones, con chalecos en los que, además de la iconografía gubernamental, podía leerse el nombre del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La Unidad de lo Contencioso del Instituto Nacional Electoral (INE) conoció el asunto el 8 de agosto, pero fue hasta el 26 de septiembre cuando emplazó al presidente, a la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, así como el coordinador de los programas sociales, Gabriel García, para que respondieran por el uso de recursos públicos para promoción personalizada, una actividad que está prohibida por el artículo 134 constitucional.

Un día después, el 27 de septiembre, López Obrador respondió desde su habitual conferencia de prensa matutina con un mensaje al INE: “Vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan, porque eso si calienta”, informó apro.

A continuación, el mandatario acusó al INE de haberse hecho de la vista gorda ante el uso de programas sociales como Solidaridad, Progresa, Oportunidades y Prospera –es decir, aquellos que corresponden a los pasados cinco sexenios que identifica a diario como “del período neoliberal”—y añadió que “ahora se convierten en paladines de la democracia”.

El episodio reúne dos temas centrales en el discurso del mandatario a lo largo de su trayectoria: corrupción y democracia electoral. De hecho, él mismo se refirió a su lucha, en plural, contra el fraude electoral que, en efecto, tuvo su origen en la denuncia de la elección tabasqueña de 1988, caso por el que escribió el libro Tabasco, víctima del fraude electoral; seguiría con el “Éxodo por la democracia” en 1991, y la “Caravana por la Democracia” en 1995 que, entre otros, hasta la denuncia y plantón por su primera contienda presidencial en 2006.

Sin embargo, en la misma declaración del 27 de septiembre, sin importar la evidencia fotográfica del uso de su nombre, así como la del protagonismo de los “superdelegados” –ambas conductas ya prohibidas por el INE desde el 16 de agosto– el presidente dijo, si el organismo decidía infraccionar a sus funcionarios: “nosotros vamos a defendernos”.

El pasado 24 de octubre, la titular de la secretaría de la Función Pública (SFP), Irma Eréndira Sandoval, dio a conocer que nueve “superdelegados” están bajo investigación por el uso indebido de programas sociales, aunque no precisó si se relacionaban con las sanciones impuestas por el INE.

Se trata de Aguascalientes, Chihuahua, Chiapas, Colima, Guanajuato, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora y Jalisco. La investigación, según pudo confirmar Proceso, no es sólo por la promoción de la imagen de los “superdelegados”, pues abarca un caso de nepotismo en Chihuahua; el robo millonario de recursos que se transportaban en una avioneta en Chiapas; y en Jalisco, por el caso conocido de proveeduría de Carlos Lomelí, que fue uno de los primeros escándalos de la administración.

Lomelí, empresario y político, candidato perdedor para gobernador de Jalisco en 2018, fue designado “superdelegado”, cargo que dejó tras la publicación de un reportaje realizado por Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad que acreditó sus negocios de proveeduría al sector salud.

Como en otras ocasiones, ante la revelación, el mandatario reaccionó a bote-pronto en la mañanera del 21 de mayo, que se trataba de desprestigiar su lucha contra la corrupción con el caso de Lomelí, añadiendo que era “politiquería”.

Hasta ahora, no hay caso abierto por lo que implica el uso del nombre del presidente López Obrador.

El pasado

El presidente López Obrador prácticamente diario habla de sus “adversarios, los conservadores”. En sus declaraciones cotidianas como parte de las llamadas “mañaneras”, así como en sus giras por los estados de la república, y ahora también en su libro Por una economía moral, se refiere a sus opositores como los que no han entendido que el país ya cambió.

Luego, repite: “antes, lo que hacían…”; “en el régimen neoliberal”, “en el antiguo régimen” y en no pocas ocasiones se ha referido a la corrupción, irregularidad, inmoralidad política y en general a lo que hicieron mal, particularmente, los expresidentes Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón.

El pasado 5 de noviembre, a pregunta expresa sobre si seguiría condenando al pasado, expuso: “Ofrezco disculpas si tengo que hacer referencia al pasado porque si no sabemos de dónde venimos no sabemos a dónde vamos. Entonces voy a tener que seguir hablando, ni modo de Salinas y de Zedillo con el Fobaproa, de Salinas porque entregó los bienes del pueblo de la nación, de Zedillo seguiré hablando porque convirtió las deudas privadas de unos cuantos en deuda pública.

 

jvg

 

Minuto a Minuto

Minuto a Minuto